3 ago. 2011

Luis Franco - Argentina

RÍO DE JANEIRO
a Pompeyo Audivert


Hijo del Sol y la Nube y adoptado por la Tierra,
Brasil.
He aquí un territorio que rebasa los mapas.
Aquí el invierno cruza el cielo sin hallar playas de aterrizaje.
Aquí se refugió el diluvio recostándose en el horizonte de los ríos.
Aquí los soles y las frutas son de tamaño doble.
Aquí el termómetro se guía por el nivel de los deseos y los sueños.
Aquí los senos de las mujeres maduran varias veces al año.
Aquí la savia se rebela contra la meteorología,
y los desbordes de cacao, de café, de madera, de azúcar, de caucho
amenazan inundarlo todo.
Aquí el prestigio de los diamantes no supera al de las víboras.
Aquí los calores del infierno revientan en corolas de edén.
Aquí la mitología se fragua ante nuestros ojos.
Aquí la geografía quiere pasar por encima del hombre y escribir la historia.
Guanabara, federación del sol, el agua, la montaña y el bosque.
La bahía da refugio y descanso de acquarium al océano.
Jaqueadas por su sed de cielo y nubes,
las palmeras ahílan tanto sus troncos
que una carcajada o un grito no puede romperlos.
Una cascada sale a un costado con la cándida novedad del alba.
El lomo de camello del Corcovado
apenas puede ya con su carga de siglos y esplendores.

Río de Janeiro merece todo esto y más
porque tiene algo mayor que sus iglesias y sus rascacielos.
Aquí los negros han sido ascendidos a personas.

Sólo que aún queda otro algo que eclipsa toda la pompa del trópico:
la miseria ya evitable e inútil en el mundo
se exhibe aquí como en su playa de moda.

Vemos una pierna de mendiga atravesar su tumefacto énfasis
hasta cuajar todo el tráfico de la Rúa Ouvidor,
y un mendigo dormido con la mano implorante en vigilia.

Mas la historia está hoy preñada de inminencia,
y aquí lo que vendrá mañana
no subirá de abajo como las huelgas o la primavera:
bajará de los rascacielos de cartones y latas,
desde lo alto de las favelas
descenderá -lava y escalofrío-
la liberadora albricia.



RIO DE JANEIRO
á Pompeyo Audivert


Filho do Sol e da Nuvem e adotado pela Terra,
Brasil.
Eis aqui um território que ultrapassa os mapas.
Aqui o inverno cruza o céu sem achar pistas de aterrissagem.
Aqui se acolhera o diluvio recostando-se no horizonte dos rios.
Aqui os soles e as frutas são de tamanho duplo.
Aqui os seios das mulheres amadurecem várias vezes no ano.
Aqui a seiva se rebela contra a meteorologia,
e os excessos do cacau, do café, da madeira, da açúcar, do caucho
ameaçam inundar tudo.
Aqui o prestígio dos diamantes no supera ao de as serpentes.
Aqui os calor do inferno rebenta em coroas do éden.
Aqui a mitologia se forja ante os nossos olhos.
Aqui a geografia quer passar por acima do homem e escrever a história.
Guanabara, federação do sol, da agua, a montanha e a mata.
A baía dá refúgio e descanso de acquarium ao oceano.
Xequeadas pela sua sede de céu e nuvens,
as palmas enfiam tanto os seus troncos
que uma gargalhada ou um grito não pode quebrá-los.
Uma cascata sai pra um costado com a cândida novidade da alvorada.
O lombo de camelo do Corcovado
quase não pode já com a sua carga de séculos e esplendores.

Rio de Janeiro merece tudo isto e mais
porque tem algo maior que a suas igrejas e os seus arranha-céus.
Aqui os pretos tem sido ascendidos á pessoas.

Só que ainda fica outro algo que eclipsa toda a suntuosidade do trópico:
a miséria já evitável e inútil no mundo
exibe-se aqui como na sua praia de moda.

Olhamos uma perna de mendiga atravessar o seu tumefato ênfase
até coalhar tudo o tráfico da Rúa Ouvidor,
e um mendigo adormecido com a mão implorante em vigília.

Mais a história é hoje prenhe de iminência,
e aqui o que virá amanhã
não subirá do abaixo como as greves ou a primavera:
baixará dos arranha-céus de cartões e latas,
desde o alto das favelas
descerá -lava e arrepio-
o libertador regozijo.


Traducción: Alberto Acosta

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