3 jun. 2010

César Vallejo

Piedra Negra sobre una Piedra Blanca


Me moriré en París con aguacero,
un día del cual tengo ya el recuerdo.
Me moriré en París - y no me corro-
tal vez un jueves, como es hoy, de otoño.

Jueves será, porque hoy, jueves, que proso
estos versos, los húmeros me he puesto
a la mala y, jamás como hoy, me he vuelto,
con todo mi camino, a verme solo.

César Vallejo ha muerto, le pegaban
todos sin que él les haga nada;
le daban duro con un palo y duro

también con una soga; son testigos
los días jueves y los huesos húmeros,
la soledad, la lluvia, los caminos...


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Pedra Negra sobre uma Pedra Branca


Morrerei em Paris com aguaceiro,
num dia do cual tenho já a lembrança.
Morrerei em Paris - e não me corro-
talvez na quinta, como é hoje, de outono.

Quinta será, porque hoje, quinta, que proso
esses versos, os úmeros tenho me postos
ás más e, jamais como hoje, tenho me volto,
con todo o meu caminho, a me ver sozinho.

César Vallejo é morto, lhe batian
todos sem que lhes fizesse nada;
lhe dabam duro con um pau e duro

também con uma soga; são testemunha
as quintas feiras e esses ossos úmeros,
a solidão, a chuva, os caminhos...



Traducción: Alberto Acosta
(De: Poemas Humanos)

Armando Tejada Goméz

El Huésped de la Lluvia
a César Vallejo


Yo sé que le pegaban
sin que él les haga nada
y que murió en París
y en primavera,
le daban a roer un magro hueso
y lo asediaban con la vida perra;
yo sé que lo empujaban
en el Metro
y que lo odiaban todas las porteras
porque tenía un fémur
como un junco
y la luz lo seguía por la tierra.

Dicen que murió un jueves. Recordaba
las lluvias de este siglo y la miseria.
Ayer estuvo en casa. Siempre viene
y ocupa su silencio en nuestra mesa.


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O Hóspede da Chuva
a César Vallejo



Eu sei que eles lhe surraram
sem ele ter-les feito cosa nehuma
e que morreu no Paris
e em primavera,
davan-le de roer um magro osso
e le assediaban com a vida de cão;
eu sei que lhe empurraban
no Mêtro
e que lhe odiaban tudas as porteiras
porque tinha um fêmur
como um junco
e a luz seguía-lo pela terra.
Dizem que morreu numa quinta feira. Lembraba
as chuvas desse siglo e a miséria.
Ontém passou por casa. Sempre vem
e ocupa o seu silêncio en nossa mesa.


Traducción: Alberto Acosta
(De: Tonadas para Usar - 1968)

José Ángel Valente

César Vallejo


Ese que queda ahí,
que dice ahí
que ya hemos empezado
a desandar el llanto,
a desandar los doses
hacia el cero caído.
El niño, padre
del hombre aquel izado
a bruscos empujones
de desgracia.
El pobre miserable
que nos lanza puñados
de terrible ternura
y queda suavemente sollozando,
sentado en su ataúd.

El mendigo de nada
o de justicia.
El roto, el quebrantado,
pero nunca vencido.
El pueblo, la promesa, la palabra.


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César Vallejo


Esse que fica aí,
que dize aí
que já temos começado
á desandar o pranto,
á desandar os doises
até o zero caído.
O garoto, pai
do aquele homem içado
a bruscos empurrões
de desgraça.
O povre miseravel
que nos lança punhados
de terrível ternura
e fica suavemente soluzando,
sentado no seu ataúde.
O mendigo da nada
o de justiça.
O roto, o quebrantado,
mais nunca vencido.
O povo, a promessa, a palavra.


Traducción: Alberto Acosta
(De: La Memoria y Los Signos - 1960 a 1965)

Wilson Alvarenga Borges

Drummond

A rosa do povo está viva, está viva e se restaura nas ruas.
É preciso fazer um poema sobre o Poeta
mas as palavras estão em estado de dicionário e difícil, agora, é encontrar a chave, que possa conduzir-me ao claro enigma.
Muitas vezes previ, lustrei o grande homem. Também algunas vezes me espantei de vê-lo revelar,
no encontro das palavras, o secreto tão-sem-segredo
de uni-las como brincos, de enfeitá-las.
É homem citadino, enclausurado nas fráguas de cimento,
mas sempre vislumbrei a cada passo o fazendeiro do ar, calado e manso.
E tudo repensado, cómo dói. Certas lembranças,
os retratos empoeirados nas paredes, vozes, enleios vários, as injúrias, também algumas lágrimas
enxugadas no lenço esverdeado que trouxe de Itabira.
Ah, quantas mágoas, mágoas, mágoas, nunca desfeitas, nem esquecidas.


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Drummond


La rosa del pueblo está viva, está viva y se restaura en las calles.
Es necesario hacer un poema sobre el Poeta
pero las palabras están en estado de diccionario y difícil, ahora, es encontrar la llave, que pueda conducirme al claro enigma.
Muchas veces entreví, lustré al gran hombre. También algunas veces me espanté al verlo revelar,
en el encuentro de las palabras, el secreto tan-sin-secreto
de unirlas como juguetes, de engalanarlas.
Es hombre citadino, enclaustrado en las fraguas de cemento,
pero siempre vislumbré a cada paso el granjero del aire, callado y manso.
Y todo repensado, cómo duele. Ciertos recuerdos,
los retratos polvorientos en las paredes, voces, enredos varios, las injurias, también algunas lágrimas
enjugadas en pañuelo verdoso que traje de Itabira.
Ah, cuántas magulladuras, magulladuras, nunca conjuradas, ni olvidadas.


Traducción: Alberto Acosta
(De: "Vozes na paisagem - Antología de poetas brasileiros contemporâneos" – 2005)

Dalila Teles Veras

Solidões


Los hombres vivimos juntos,
pero cada uno se muere solo
y la muerte es la suprema soledad.
Miguel de Unamuno



Dizias-me
:
– não quero,
mas qualquer dia
terei que partir

Intuías
:
a proximidade
a solidão da viagem
a dispensa de acompanhante

Temias
:
do parto, sabias
(contavas)
da morte, mistério
(calavas)

Parto e morte
(solidões assemelhadas)
:
origem, ambos.



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Soledades


Los hombres vivimos juntos,
pero cada uno se muere solo
y la muerte es la suprema soledad.
Miguel de Unamuno



Me decías
:
-no quiero,
mas cualquier día
tendré que partir

Intuías
:
la proximidad
la soledad en el viaje
sin acompañante

Temías
:
del parto, sabías
(contabas)
de muerte, misterio
(callabas)

Parto y muerte
(soledades similares)
:
principio, ambas.


Traducción: Margarita lo Russo

(De: Retratos Falhados – 2008)

Juan Carlos Bustriazo Ortiz (1920 - 2010)

Te regalé unas cuentas indias y había un color de aroma hereje tan sobre mí caía el cielo amarilleaba su piel verde yo sé que labro joya oscura sólo por vos que me la entiendes porque a vos te hablo en esta piedra enrumorada de caldenes quién si no vos me la naciste y en quién sin vos ella se mece te di en la tierra qué colores sonorositos magamente remotas gemas de collares ascuas de piedras de otras gentes besos de piedras recobradas entre tus manos vieja fiebre alegría vieja o amoríos de aquella aquel que están sin frente te regalé gualicheríos piedras de dulces
redondeles.


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Eu te presentei umas miçangas indias e tinha uma cor de cheiro herege tão sobre mim caia o céu se amarelhaba a sua pele verde eu sei que lavro jóia escura só por vocé que me a entende porque a vocé estou falando nessa pedra rumoreada de caldenes quem se não vocé me a fez nascer e em quem se não em vocé ela se mexe le dei na terra que cores sonorozinhos magamente remotas gémas de colares áscuas de pedra de outra gente beixos de pedras recobradas entre as suas mãos velha febre alegria velha ou namoricos daquela aquele que ficam sem testa te presentei feitiçarias pedras de doces
redondeles.



Traducción: Alberto Acosta
(De: Elegías de la Piedra que Canta)

Alejandro Acosta

(Escondido)


ERRÓSE EN LOS PRONÓSTICOS PRIMEROS.
Erróse en los hechizos, en los pases mágicos,
en las muestras y los materiales,
en los corderos overos del sacrificio,
en el cúmulo de datos, en el orden de subordinación,
erróse también en los grados de parentesco,
en las cilindradas cúbicas y en los augurios,
erróse en las ruletas, erróse las martingalas,
erróse asimismo en las calidades contrastadas,
en los tenores,
en el absurdo que escancian los satélites,
erróse el sistema métrico en sí. Erróse groseramente.

Alguien acaricia a los zorros colorados
cuando se esconden al fresco, tras las peñas.
Alguien por sus ojos brilla.

Pero el cielo es celeste como árboles.
Pero al árbol asombran alas, batallas.
Pero luchan los gorriones o los quetupíes.
Pero el cielo no es celeste, bien mirado:
si suprimo lo celeste nada queda.

Erróse los pronósticos primeros:

Ya está en la tierra.

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(ESCONDIDO)


ERROU-SE NOS PROGNÓSTICOS PRIMEIROS.
Errou-se nos feitiços, nos passes de mágica,
nas amostras e nos materiais,
nos cordeiros cor de pêssego do sacrifício,
no acúmulo de dados, na ordem de subordinação,
errou-se também nos graus de parentesco,
nas cilindradas cúbicas e nos augúrios,
errou-se nas roletas, errou-se nas artimanhas,
errou-se mesmo nas qualidades contrastadas,
nos teores,
no absurdo que escançan os satélites,
errou-se no sistema métrico mesmo. Errou-se grosseiramente.

Alguém acaricia os raposos vermelhos
cuando se esconden no fresco, tras as penhas.
Alguém pelos suos olhos brilha.

Mais o céu é celeste como as árvores.
Mais na árvore assombran asas, batalhas.
Mais lutan os pardales e os quetupíes.
Mais o céu não é celeste, bem mirado:
se eu suprimo o celeste nada fica.

Errou-se nos prognósticos primeiros:

Já está na terra.



Traducción: Alberto Acosta
(De: Campamento en Marcha – 2010)

El Espinillo - Pomán


Foto: Arnaldo Romero

Celia Clara Fischer (Argentina)

Poemas para Claudio

I


Me demoro en tus poemas como en un río muy ancho
que a las penas disueltas las va meciendo,
ensimismado de orilla a orilla y sin regreso,
a la sombra de altos árboles descalzos
que lo amansan desde su barro misterioso.

Algo del viento viene y cae, levísimo,
acaso un sollozo del hombre que avanza,
la mirada puesta en años por cumplirse,
arrojando al umbroso páramo su silencio
como quien de todos sus muertos se deshace
para no verlos pasar más en medio de los sueños.

Hay un gesto del aire movido por esas certezas
que imponen los milagros,
un algo de los astros en la noche
elegida por agua de vertiente
para bautizar la palabra que te crece, callando.



II


Las mareas vienen murmurando
caricias de ahogado
sueltas en sus dedos de greda
y en sus pupilas inciertas descubro
que me está mirando la cordillera.
El viento quiere caerse en mi frente
junto a un rayo de luz que culmina su viaje
de otros mundos,
demorando su cansancio
en esta boca que está por nombrarte.

La noche habla ya como un cuerpo
encelado,
amante ciega entre dos orillas,
especie de misterioso arcano
que anda buscando en mí
lo que es de ella.
Bello torrente de secretos,
como una jadeante guitarra astillada
después del canto,
en ceremonia de partida.

Llevo el silencio de tu voz
y tus poemas,
el vino de la última tarde
y nuestra lejanía
cruzando el río.


III


Sucede el giro indolente del día
disuelto en otoño azul,
iluminado.
Sucede como ese dejarse estar de los árboles
intentando susurros con la hierba
que de tan pequeñita que es, no tiene nombre
pero crece.
También sucede este violín buscando su voz,
ese más allá,
por la noche laboriosa de grillos y de estrellas.
Pero hay algo que viene sucediendo
y
permanece,
como un remedio salvador de la sequía,
tus poemas
que fluyen con certeza como el agua,
diciendo todas las formas de tu abismo,
huesos del pasado hecho cenizas en la boca.
Ellos vienen de turbios mares con silbidos
de vaya a saber qué perversos fantasmas
tributarios del encono de la fiebre.
Vienen uniendo lo desmembrado del exilio.
Traen tus ropas mojadas
después de haberla cabalgado como en celo,
sin descanso,
a la muerte.


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Poemas para Claudio


I

Demoro-me em teus poemas como num rio largo
que as penas dissolvidas vai mexendo,
ensimesmado entre as margens e sem regresso,
à sombra de altas árvores descalças
que de seu barro misterioso o acalmam.

Algo do vento vem e cai, levíssimo,
talvez um soluço do homem que avança,
o olhar posto em anos por cumprir,
arrojando ao umbroso páramo seu silêncio
como quem se desfaz de todos os seus mortos
para não mais os ver passar em meio aos sonhos.

Há um gesto do ar movido por essas certezas
que impõem os milagres,
alguma coisa dos astros na noite
eleita por água de vertente
para batizar a palavra que te cresce, calando.


II

As marés vêm murmurando
carícias de afogado
soltas em seus dedos de greda
e em suas pupilas incertas descubro
que está me fitando a cordilheira.
O vento quer cair em minha fronte
junto a um raio de luz que culmina sua viagem
de outros mundos,
demorando seu cansaço
nesta boca que está por te nomear.

A noite fala já como um corpo
enceladus,
amante cega entre duas margens,
espécie de misterioso arcano
que anda buscando em mim
o que é dela.
Bela torrente de segredos,
como ofegante guitarra estilhaçada
depois do canto,
em cerimônia de partida.

Levo o silêncio de tua voz
e teus poemas,
o vinho da última tarde
e nossa distância
cruzando o rio.


III

Sucede o giro indolente do dia
diossolvido em outono azul,
iluminado.
Sucede como esse deixar-se estar das árvores
pretendendo sussurros com a erva
que, de tão pequenina que é, não tem nome,
porém cresce.
Também sucede este violino buscando sua voz,
esse mais além,
pela noite laboriosa de grilos e de estrelas.
Mas há algo que vem sucedendo
e
permanece,
como um remédio salvador da seca,
teus poemas
que fluem com certeza como a água,
dizendo todas as formas de teu abismo,
ossos do passado feito cinzas na boca.
Eles vêm de turvos mares com assovios
de não se sabe que perversos fantasmas
tributários do rancor da febre.
Vêm unindo o desmembrado do exílio.
Trazem tuas roupas molhadas
depois de haver cavalgado como em cio,
sem descanso,
a morte.


Traducción: Anderson Braga Horta