3 jun. 2010

Wilson Alvarenga Borges

Drummond

A rosa do povo está viva, está viva e se restaura nas ruas.
É preciso fazer um poema sobre o Poeta
mas as palavras estão em estado de dicionário e difícil, agora, é encontrar a chave, que possa conduzir-me ao claro enigma.
Muitas vezes previ, lustrei o grande homem. Também algunas vezes me espantei de vê-lo revelar,
no encontro das palavras, o secreto tão-sem-segredo
de uni-las como brincos, de enfeitá-las.
É homem citadino, enclausurado nas fráguas de cimento,
mas sempre vislumbrei a cada passo o fazendeiro do ar, calado e manso.
E tudo repensado, cómo dói. Certas lembranças,
os retratos empoeirados nas paredes, vozes, enleios vários, as injúrias, também algumas lágrimas
enxugadas no lenço esverdeado que trouxe de Itabira.
Ah, quantas mágoas, mágoas, mágoas, nunca desfeitas, nem esquecidas.


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Drummond


La rosa del pueblo está viva, está viva y se restaura en las calles.
Es necesario hacer un poema sobre el Poeta
pero las palabras están en estado de diccionario y difícil, ahora, es encontrar la llave, que pueda conducirme al claro enigma.
Muchas veces entreví, lustré al gran hombre. También algunas veces me espanté al verlo revelar,
en el encuentro de las palabras, el secreto tan-sin-secreto
de unirlas como juguetes, de engalanarlas.
Es hombre citadino, enclaustrado en las fraguas de cemento,
pero siempre vislumbré a cada paso el granjero del aire, callado y manso.
Y todo repensado, cómo duele. Ciertos recuerdos,
los retratos polvorientos en las paredes, voces, enredos varios, las injurias, también algunas lágrimas
enjugadas en pañuelo verdoso que traje de Itabira.
Ah, cuántas magulladuras, magulladuras, nunca conjuradas, ni olvidadas.


Traducción: Alberto Acosta
(De: "Vozes na paisagem - Antología de poetas brasileiros contemporâneos" – 2005)

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