23 abr. 2013

Nora Nani - Argentina


AÑOS

I

Los años
me han vuelto invulnerable
a muchas cosas.
Acepto a mi sombra cuando me engaña,
por ejemplo,
cuando me miente elegante y larga,
cuando me pierde y me deja
despojada y sola.
Acepto mi rostro lleno de faenas y surcos,
acepto el ridículo de mi sangre
cuando saca a pasear sus tigres de luz,
acepto los sonidos elementales
que el eco de un canto solicita de mis labios.

Acepto la porción de absurdo
que corresponde a cada criatura.

Me río de mis perdidos eslabones,
de la serenata
que gruñe el simio en mi garganta,
de la tozuda desfachatez
con que mi cuerpo desdobló su propio molde
y me hizo azul y redonda como el cielo de los valles.

Acepto mis rituales olvidos,
la risa a destiempo,
las palabras desmañadas que pronuncio en desorden,
la poca vergüenza que me queda,
el silencio con que me cubro
cuando el eco golpea la distancia de mis ojos.

He aprendido a ser
descuidada y torpe,
me volví de burlada a burlona
y en mí misma aplico la burla
con que el perdón
restalla sus inclemencias...

Y si a esto le llaman madurez,
soy como una fruta que estalla en carcajadas
y ofrece sus dientes
al gusano que la nombra.


(Del libro inédito "Desde siempre")


ANOS

I

Os anos
tornaram-me invulnerável
a muitas coisas.
Aceito minha sombra quando me engana,
por exemplo,
quando me mente elegante e longamente,
quando me perde e me deixa
despojada e só.
Aceito meu rosto cheio de marcas e rugas,
aceito o ridículo do meu sangue
quando leva a passear os seus tigres de luz,
aceito os sons elementares
que o eco dum canto solicita dos meus lábios.

Aceito a porção de absurdo
que corresponde á cada criatura.

Rio dos elos perdidos,
da serenata
que grunhe o símio na minha garganta,
da teimosa desfaçatez
com que o meu corpo desdobra sua própria forma
e me faz redondamente azul como o céu dos vales.

Aceito meus esquecidos rituais,
a risada inoportuna
as imorais palavras que pronuncio em desordem,
a escassa vergonha que me resta,
o silêncio com que me cubro
quando o eco golpeia a distância dos meus olhos.

Eu aprendi a ser
descuidada e torpe,
tornando de vítima a algoz
aplicando em mim mesma o escárnio
com que o perdão
estala as suas inclemências...

Se a isto chamam de maturidade,
sou como uma fruta que explode em gargalhadas
e oferece os seus dentes
ao verme que a nomeia.

Traducción: Alberto Acosta

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