2 jul. 2011

Anderson Braga Horta (Brasil)

O DEUS QUE CHORA


Baldado é perguntar. Na andina altura,
surdos, os megalíticos ouvidos
nada entendem. Se entendem, pétrea, a boca
mastiga as flores mudas do mistério.

É o Deus Que Chora. Inútil despertá-lo,
se desperto sempre é, petrificado.
Exibe a face obscura do segredo.
Dentro incaico não é, pois mais: humano.

Baldado é perguntar, porque a resposta
na pedra está, mais treva que o silêncio.
Não nos propõe esfíngico dilema,

senão que lhe bebamos a mensagem,
o Grande Deus de cujo olhar escorrem
as cabeças dos filhos decepadas.



EL DIOS QUE LLORA


En vano es preguntar. La altura andina,
sordos los megalíticos oídos,
nada escucha. Si escucha, pétrea boca
muerde las flores mudas del misterio.

Ese es el Dios que Llora. Despertarlo
es inútil, pues siempre está despierto.
Muestra la faz oscura del secreto.
No es incaico por dentro, sino humano.

En vano es preguntar, porque responde
la piedra, más oscura que el silencio.
No nos propone esfíngico dilema,

sino que le bebamos el mensaje,
el Gran Dios que en sus lágrimas escurre
de los hijos las cabezas truncadas.


Traducción: Francisco Bello

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