30 ago. 2013

Jorge Paoloantonio - Argentina


Resplandor de los días inusados

Se encendieron entre fumarolas
porque habían estado en la duermevela de nuestros infortunios
Eran los últimos de la fiesta y corrían a lavar las mesas desechadas
y apagaban la última luz entre los desperdicios
mientras nosotros hablábamos de nuestra muerte

No los conocíamos
sino por la extrañeza de nuestros corazones atados
cada vez que la sombra ponía fechas ajenas
al inevitable acato de desaparecer para siempre

Se levantaron de pronto
Se alzaron -remolinos de sal ardida-
para pegarnos en los dientes de comer amores minúsculos
y raíces de mármol y hojas de libros favoritos

Estos días de vértigo por usar bajo las viejas montañas
para gritar los socavones de amortajadas soledades
y un camino apenas visible
entre besos inacabados y lenguas devoradas

Estos días donde gigantescas mariposas de piedra
escriben con lentitud de ovejas
la verdadera fecha de nuestra desaparición

Días abiertos en el abanico de lava de otras mentiras terrenas
Días de entrar y salir y ayunar sin contrición por la carne
zaherida de amaneceres de fiebre

No hay ley que lo extirpe ni cuchillo que los condene
Están allí llamándonos
desde los bordes violáceos del miedo del sudor del escalofrío
hechos de una luz infatigable
como nuestros corazones heridos de otras y tantas muertes invisibles
prestos a estirarse frente a nuestros pasos adormecidos
soplando en nuestro aullido
hasta erizarnos los pies del espanto
las uñas de nuestra locura
el pelo arrastrado de este páramo doliente
y allí están
resplandecientes
inusados
pero nuestros
finalmente.


***

Resplendor dos dias inusados

Acenderam-se entre fumarolas
porque tinham estado no cochilo dos nossos infortúnios
Eram os últimos da festa e corriam a lavar as mesas descartadas
e apagavam a última luz entre os desperdícios
enquanto nos falávamos da nossa morte

No lhes conhecíamos
senão pela estranheza dos nossos corações atados
cada vez que a sombra punha datas alheias
ao inevitável acato de desaparecer para sempre

Levantaram-se de repente
Alçaram-se -remoinhos de sal ardida-
para pegar-nos nos dentes de comer amores minúsculos
e raízes de mármore e folhas de livros favoritos

Esses dias de vertigem por usar sobe as velhas montanhas
para gritar os socavões de amortalhadas solidões
e um caminho apenas visível
entre beijos inconclusos e línguas devoradas

Esses dias onde gigantescas borboletas de pedra
escrivem com lentidão de ovelhas
a verdadeira data da nosso desaparecimento

Dias abertos no leque de lava de outras mentiras terrenais
Dias de entrar e sair e jejuar sem contrição pela carne
repreendida de amanheceres de febre

Não há lei que o extirpe nem faca que os condene
Estão ali chamando-nos
desde os bordes violáceos do medo do suor do arrepio
feitos duma luz infatigável
como nossos corações feridos de outras e tantas mortes invisíveis
prontos a esticar-se frente aos nossos passos adormecidos
soprando em nosso uivo
hasta eriçar-nos os pés do espanto
as unhas de nossa loucura
o cabelo arrastrado desse paramo doente
e ali estão
resplandecentes
inusados
mais nossos
finalmente.


Traducción: Alberto Acosta

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